Reseñas

Tapa del libro Hiroshima Ground Zero 1945

Reseña de Pablo Domínguez

Datos del libro: 

Hiroshima : Ground Zero 1945 Barnett, Erin (ed.); Mariani, Philomena (ed.) International Center of Photography - Steidl Publishers, 2011

 

Una vez consumado el lanzamiento de la bomba atómica sobre Hiroshima el 6 de agosto de 1945, el gobierno de los Estados Unidos prohibió la circulación de imágenes que mostraran las consecuencias devastadoras del ataque. Un mes más tarde, una división de relevamiento fue enviada a la zona con el objetivo de documentar los efectos destructivos de la bomba sobre los materiales de construcción cercanos al lugar de detonación, información que luego sería utilizada para el diseño de una nueva arquitectura de defensa civil ante potenciales ataques nucleares contra los Estados Unidos. Los fotógrafos asignados a la División de Daños Físicos tomaron más de 1000 fotografías, incluidas originalmente en un reporte militar clasificado de 1947 denominado The Effects of the Atomic Bomb on Hiroshima, Japan. Más de 700 de estas imágenes forman parte de la colección permanente del International Center of Photography (ICP), y unas 200 se presentan en la edición de Hiroshima: Ground Zero 1945.

La palabra «Hiroshima» encierra un concepto con un sentido estricto, único. Designa la bomba atómica; es la bomba. Antes del desastre, Hiroshima era prácticamente desconocida. Paradójicamente, empieza a existir a partir de su desaparición, aunque ya no como ciudad sino como concepto: es el signo de lo atómico. El acontecimiento la vuelve relevante. 

La guerra y sus consecuencias se vuelven más abstractas cuanto mayor es la distancia con los acontecimientos reales. Y son más abstractas aún si no hay imágenes a las que asirse. En efecto, el ícono que Occidente tuvo del bombardeo fue, durante décadas, la imagen aérea del hongo atómico. Imagen que designaba a Hiroshima como acontecimiento, pero que al mismo tiempo la abstraía de la destrucción y las muertes de una población enteramente civil.

Las fotografías presentadas en Hiroshima: Ground Zero 1945, abandonan la mirada olímpica del hongo y bajan a la tierra para contemplar la devastación desde una nueva perspectiva. Persiguiendo un objetivo científico militar, las fotos se circunscriben al registro de los daños estructurales, y la ausencia de cualquier rastro humano las reviste con un aura distante y aséptica. Dentro de un gris omnipresente –como una Pompeya moderna–la ciudad en ruinas parece el último respiro de una civilización desaparecida. Apenas quedan algunas estructuras milagrosamente en pie dentro de un paisaje arrasado. Hay destrucción, aunque el pathos y la dimensión humana del desastre se han perdido.

La frialdad y la ausencia de pasión que trasmiten las imágenes, pareciera no dar lugar a otro tipo de mirada que no sea la objetiva, tal vez la única manera de afrontar un suceso tan contundente. Sin embargo, la historia de la fotografía demuestra el poder de este medio para extraer lo bello de cualquier acontecimiento – aun los más aberrantes – y transformar en experiencia estética algo que en su origen fue concebido con otro fin; sobre todo cuando el tiempo transcurrido y el acostumbramiento han modificado por completo la experiencia de recepción de este tipo de imágenes, desgastando su impacto.

En un contexto tal, el formato y la naturaleza editorial de Hiroshima: Ground Zero 1945–publicado por el ICP en 2011 – podrían predisponer a una lectura artística de las fotografías. Lectura que se ve contenida y amortiguada por el diseño del libro: la diagramación racionalizada de los elementos, la inclusión de ensayos y material adicional como mapas, fotos de archivo, apéndices y textos reproducidos directamente del informe original, remiten a un lenguaje informativo de tipo periodístico. Por otro lado, el código utilizado para la división de capítulos, la minuciosidad técnica sobre el registro de cada toma presente en los epígrafes, y la tipografía elegida para títulos, subtítulos y números de página, hacen alusión directa al informe militar de base.

Así, el libro recoge la tensión entre una experiencia informativa apoyada en un cúmulo de material hasta ahora inaccesible sobre el desarrollo atómico y sus consecuencias, y una posible experiencia estética apalancada por las fuerzas del tiempo y el contexto de recepción.

El avance tecnológico que dio origen a la fotografía, es, en el fondo, el mismo que posibilitó la bomba atómica. Las fotos de guerra, en este sentido, cierran una suerte de espiral de la cultura moderna, que concluye en la posibilidad de goce sobre este tipo de imágenes. Éstas, si en algún momento duelen, ya no lo hacen por lo que muestran, sino porque precisamente nos ponen en el incómodo lugar de reconocernos como parte de dicha espiral.

Hiroshima: Ground Zero 1945 nos enfrenta a ésta y otras paradojas, y vuelve a instalar temas aún no resueltos. Las fotografías, extrañamente inéditas, llenan un espacio que permanecía vacío para el imaginario occidental: nos muestran que miles de metros debajo del hongo existía una ciudad real, con edificios reales donde vivían personas reales, y esa ciudad se llamaba Hiroshima.

 

Pablo Domínguez

Solicitar por: Armario 14, tabla 2, Nº 27

 

Email de contacto: salasmuseo@biblio.unlp.edu.ar

 

 

Fecha: 
26/06/2017 - 11:38

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